Eucaristía en honor a la Buena Madre Enriqueta Aymer

El jueves 7 de agosto, la comunidad educativa del Centro Educacional Sagrados Corazones – Presidente Franco celebró una emotiva Eucaristía en memoria de Enriqueta Aymer de la Chevalerie, conocida cariñosamente como la Buena Madre, fundadora junto al Buen Padre, José María Coudrin, de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

La celebración fue organizada por el equipo de Pastoral del Colegio y presidida por el P. Arnaldo Jara, SSCC, contando con el acompañamiento del Equipo Directivo, docentes, estudiantes y colaboradores en un clima de recogimiento, gratitud y comunidad.

“Esperemos todo de la misericordia de Dios”

Inspirado por el Evangelio de Mateo (16,13-23) y el pensamiento de Enriqueta Aymer, el P. Arnaldo compartió una homilía centrada en la confianza absoluta en Dios, incluso en medio de los desafíos. En palabras del sacerdote:

“Enriqueta Eymer nos enseñó que esperar todo de Dios no es evitar la cruz, sino abrazarla con confianza, como Jesús. Su legado nos invita a confiar en que la misericordia de Dios sostiene cada esfuerzo, cada clase, cada sueño.”

Así, se recordó que la misión educativa de los Sagrados Corazones se basa en una espiritualidad de humildad y abandono, centrada en los Corazones de Jesús y de María, símbolos de un amor que se entrega sin reservas.

La vida de Enriqueta: signo de fidelidad y entrega

Nacida el 11 de agosto de 1767 en Saint-Georges-de-Noisne, Francia, Enriqueta Aymer perteneció a una familia aristocrática. Su experiencia de fe se transformó radicalmente tras ser encarcelada durante la Revolución Francesa por brindar refugio a sacerdotes perseguidos. Esa vivencia marcó el inicio de su camino espiritual, que la llevó a fundar, en 1800, la Congregación de los Sagrados Corazones.

Llamada “la buena madre” por su cercanía, ternura y firmeza, realizó más de veinte fundaciones en Francia y dedicó su vida a la formación y acompañamiento de las hermanas, convirtiéndose en una figura central para la espiritualidad de la Congregación.

Una herencia viva

La Eucaristía en su honor no solo fue un acto de memoria, sino también una renovación del compromiso institucional con los valores evangélicos que ella encarnó. Al rezar juntos, la comunidad educativa reafirmó que educar desde los Sagrados Corazones es formar corazones capaces de amar, servir y confiar plenamente en la misericordia de Dios.

“Señor, como Pedro, queremos confesarte como Camino; como Enriqueta, esperamos todo de tu misericordia. Bendice nuestro colegio para que, en las luces y sombras, siempre elijamos confiar en Ti.”

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